Representación y performatividad

Los seres humanos formamos parte de un compendio de conductas que nos han sido heredadas por medio de nuestro entorno social y cultural; desde la infancia en la familia como primera sociedad en la que convivimos, después con las amistades y personas que vamos conociendo a lo largo de nuestra vida. Así como la conducta, nuestro pensamiento se va formando y tenemos un punto de vista sobre las cosas, una perspectiva sobre la vida e ideales en los que creemos y por los que estamos dispuestos a realizar acciones que nos lleven a la culminación de dichos pensamientos.

Sin embargo, estas  formas de desenvolvernos en el mundo no nos vuelven individuos independientes y autónomos, cargamos con nuestro contexto socio-cultural,  por lo que al momento de “presentarnos” en realidad “representamos” lo aprendido; nuestra interacción con el mundo es una construcción de normas que regulan nuestro comportamiento y percepción de la realidad que “…como el teatro, es siempre algo que se construye, es un resultado, una representación, no algo tangible y permanente” (Adame 13), por ende, somos el resultado presente de un momento en la historia de la humanidad.

Ante tal situación buscamos salir de estas conductas establecidas para el convivio social, nos rehusamos a vestir de una manera, utilizamos diferentes formas de expresión verbal, queremos experimentas situaciones de riesgo que transgredan cánones establecidos para reafirmarnos en el mundo y denunciar que no todo lo que se nos dice es la verdad, no todo lo que la norma dicta es verdadera y que la verdad puede ser una mentira acordada. Lo más certero que tenemos, más allá de las palabras, de las conductas (incluso del pensamiento), es el cuerpo.

El cuerpo

Territorio principal del ser humano, frontera definida por la piel. Punto de partida individual donde comienza el mundo a través de los sentidos. La base de lo que somos. El medio por el cual otros territorios nos miran. La herramienta principal de las artes vivas. El cuerpo, manifestación clara de nuestra existencia y la de los otros.

Nuestro cuerpo se manifiesta como un performanceandando que transforma identidades afectando entornos sociopolíticos mediante el proceso comunicativo y relacional (Prieto y Toriz 23), en el que llevamos nuestro territorio corporal para manifestarnos como parte de este mundo más allá de las convenciones dictaminadas, porque no siempre aceptamos lo que se nos da por hecho; contamos con la capacidad de cuestionar, “…criticar estereotipos de género, etnicidad e identidad nacional” (Prieto 33), para ir más allá de la representación de la conducta heredada.

A partir de nuestro cuerpo tenemos la capacidad de (re)construir la percepción del mundo y (re)interpretar otras maneras de interacción aunque se vea con ojos extraños por quienes prefieren continuar con lo que ya se les dio.

Las artes vivas

Un camino por el que se puede llegar, más allá del hecho de solo ir en contra y de cuestionar el entorno a profundidad es por vía de las artes vivas como el performance, el cual es un medio de “…intervención efímero, interrumpe circuitos de industrias culturales  que crean productos de consumo” (Taylor 8), debido a que en este mundo todo se ha vuelto un dispendio desechable, incluso somos vistos como consumidores en función de enriquecer a las grandes empresas dejando de lado nuestra humanidad.

De igual manera que buscamos en ocasiones deslindarnos de conductas y pensamientos establecidos, el performance, se desprende de “…textos o editoriales; no necesita director, actores, diseñadores o todo el aparato técnico que ocupa la gente de teatro; no requiere de espacios especiales para existir, sólo la presencia del o la performancera y su público” (ídem), es decir, que busca su lugar presente en el mundo, que aunque semejante al teatro, este no requiere ser una copia reproductible, establecida, como si lo hace el teatro mediante el ensayo y la representación constante dentro de un espacio físico determinado para ese fin y que como señala Diana Taylor: “El performance, como acción, va más allá de la representación, para complicar la distinción aristotélica entre la representación mimética y su referente ‘real’” (9).

No busca ser un espejo mediante la repetición, busca la confrontación mediante la presencia viva, latente, del cuerpo con toda su dimensión política, cultural y social en el presente. Así, como todas las personas buscamos identificarnos diferentes a pesar de compartir ideas y códigos de comunicación, el performance, que comparte características del teatro, como la mirada del otro, se identifica independiente mediante la absorción de diferentes disciplinas que le sean funcionales para realizar el acto vivo. Por lo que resulta complicado resumir su identidad a las artes vivas, ya que, si bien es una vía, no se limita a ellas debido a que se encuentra en todo el comportamiento humano creado, construido e imaginado.

Límites invisibles

A pesar de nuestra carga contextual, cada persona es diferente, compartimos un presente con otros, pensamientos y actitudes, pero no puede ser nunca igual. Ni realizar el mismo trayecto a diario, viéndolo como una línea imaginaria, sería igual cada día. Hasta en lo más mínimo de nuestro territorio, es decir, de nuestro cuerpo, aquello que nuestros ojos no perciben, es lo que nos vuelve diferentes.

Presentarnos, representarnos y performarnos de manera consciente o inconsciente es parte de nuestra existencia, en la que realizamos actos para sentirnos vivos en el tiempo espacio que se nos fue dado por circunstancias que van más allá de la razón. Somos actos político corporales, el presente de un futuro que se germinó en el pasado.

Los límites del cuerpo son invisibles. Aquello que no vemos no tiene por qué existir. Ir más allá es ir hacia el entendimiento de nuestro entorno y así como el “performance no tiene definiciones o límites fijos” (Taylor 14), los ser humanos no tenemos por qué ponernos obstáculos en nuestra existencia si los límites son invisibles.

 

Bibliografía

Prieto Stambaugh, Antonio. “¿Traducir performance? Subvertir la representación”, en Dilemas de la representación: presencias, performance, poder. Anne W. Johnson, Rodrigo Díaz y Adriana Guzmán (coords.). México: UAM-ENAH, 2017. Digital.

Taylor, Diana y Marcela Fuentes (comps.). Estudios avanzados de performance. México: Fondo de Cultura Económica, 2011. Digital.

Toriz Proenza, Martha y Antonio Prieto Stambaugh. “Performance: entre el teatro y la antropología”. Diario de Campo6-7 (2015): 22-31. Digital.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s