El crimen como núcleo temático del teatro de Víctor Hugo Rascón Banda

El teatro en México tiene sus raíces en la época prehispánica, empleado como ritual e impregnado por creencias religiosas incluso después de muchos años cuando los auto-sacramentales eran la manifestación más cercana del teatro para el pueblo mexicano. Sin embargo, llegar a un teatro nacional implicaba tomar problemáticas del país y de nuestra sociedad, hacerlo personal. Fue hasta el siglo XX cuando Usigli toma temas del “comportamiento mexicano” y nace una generación de dramaturgos dispuestos a escribir sobre su país, comprometidos con el teatro nacional mexicano.

En los años 50, una serie de dramaturgos influenciados por el realismo norteamericano tales como Emilio Carballido, Luisa Josefina Hernández, Sergio Magaña entre otros dieron la pauta al teatro costumbrista que reflejaba el curso de nuestro país  y permitía ver como a través de una ventana los problemas reales de las familias mexicanas, especialmente las de clase media. Esta generación no obtuvo un cambio radical en cuanto a la estructura o forma de escritura, tal y como dice la Doctora Elvira Popova: “sus textos están escritos dentro de los géneros tradicionales, sin romper la estructura clásica y dentro de las normas del modelo aristotélico” [1]

Desde hace años, el teatro en Europa, había dejado atrás el realismo y dadas las circunstancias históricas se habían abierto nuevas ideas de representación y de cómo llegar al espectador, siendo más directos y trasgrediendo al punto de hacer reflexión y no catarsis (teatro épico, absurdo y documental). Pero en México se seguía viendo un realismo que ilustraba problemas, mas no enfrentaba al público con ellos, para así solucionarlos, fue así como a fines de los años setentas y principios de los ochentas, autores de La Nueva Dramaturgia Mexicana, influenciados por sus maestros Vicente Leñero y Hugo Argüelles, empezaron a hacer una crítica social en sus obras. Autores con la firme convicción de que “el teatro naciera del teatro y no de la literatura.” [2] (Leñero, 1996). El título La nueva dramaturgia mexicana, es acuñado por Guillermo Serret. Esta generación nace como una inquietud de rompimiento o renovación de la generación de los 50, haciendo evidente la influencia de Bertolt Brecht, Peter Weiss, Antonin Artaud, entre otros.

Jugando con el realismo, fragmentando su estructura en lo lineal de la acción, haciendo un dinamismo del tiempo y el espacio, introduciendo lo onírico y lo simbólico hacia la realidad, la narración y el distanciamiento en el sentido que le dio Brecht.[1]

Una de las características más importantes de esta generación de dramaturgos fue su imponente crítica social, que directamente se relaciona con el teatro épico y el teatro documental.

Así, autores como Jesús González Dávila y Víctor Hugo Rascón Banda impulsaron un teatro de elevada conciencia social en México.

A diez años de su fallecimiento, Víctor Hugo Rascón Banda sigue siendo un referente importante para el teatro mexicano contemporáneo, es por esto que dedico este ensayo a él y a su teatro, que al igual como Enrique Mijares, he decidido nombrarlo: Teatro del crimen.

Victor Hugo Rascón Banda nace en Uruáchic, Chihuahua en el año de 1948. Aunque inicialmente estudió en la Escuela Normal Superior la especialidad de Lengua Española en su estado natal, Rascón Banda se inclinó hacia la rama del Derecho obteniendo hasta un doctorado. El tema del delito estaba a su plena vista, desde la preparatoria le gustaba escribir y fue ahí donde tomó inspiración, pues las instalaciones de la institución era una antigua cárcel donde detenían ilegales, escribió un guión cinematográfico llamado Los ilegales porque según él “el entorno dramático así me lo exigía”.[3]

Poco después de irse a la capital a estudiar su doctorado abrió un grupo de teatro; teatralizaba los cursos que daba sobre derecho procesal y derecho romano; fue de ese modo en la que Hector Azar lo invita a tomar sus cursos de dramaturgia, dirección y actuación. Posteriormente  se inscribe a los cursos de dramaturgia de Vicente Leñero y nace su primera obra Voces en el umbral.

Al tener como profesión el ser abogado, sus textos siempre estuvieron impregnados de crimen, de la tragedia del hombre al enfrentarse con su sociedad.

Es por esto que tomo como punto central de este ensayo al Crimen, el protagonista constante en la dramaturgia de Victor Hugo Rascón Banda, haciéndolo un núcleo temático que une la mayoría, si no es que todas sus obras, tomando como referencia tres de ellas: La fiera del Ajusco (1985), Contrabando (1991) y Homicidio calificado (1994) y haciendo hincapié a los tipos de crimen que toma y la evidente influencia que tiene con el periodismo, la nota roja y el teatro documental.

Nuevas maneras de realidad en el teatro: teatro político y documental

Cuando se habla de la dramaturgia de Victor Hugo se pueden hablar de múltiples influencias, pero una de las más significativas es el gran impacto del teatro documental.

Para exponer lo que es teatro documental es importante retroceder un poco y hacer referencia a un concepto acuñado por Erwin Piscator: teatro político, ya que la mayoría de los preceptos de este dieron el nacimiento al teatro documental.

El término teatro político nace en 1929, en Alemania, como contraposición del naturalismo en donde el individuo está condicionado por una estructura social, económica, política y cultural, se expone como una víctima de la sociedad. Y aunque ambos son un reflejo de la realidad, el teatro político se enfrenta con ella, teniendo un gran interés en transformar la sociedad. Piscator estaba seguro que el naturalismo nos llena de motivos de desesperación en lugar de conducirnos a encontrar una respuesta a los males sociales. Contrariamente, el teatro político debería buscar desentrañar las causas de los males para transformarlos.[4]

El teatro épico, generado por Brecht también en Alemania, tiene los mismos preceptos que el político: se apele a la razón y al juicio crítico. Tanto para Brecht como para Piscator, la razón se antepone al sentimiento enajenante.[4] Aunque Brecht lucha por no lograr ningún tipo de catarsis para así llegar directamente a taladrar en la razón del espectador.

Para Piscator, la ficción será sustituida por la realidad, argumentada por documentos; expone testimonios para mostrar una realidad cruda y así poder generar cambios significativos en la sociedad. Así es como nace con formalidad  el teatro documental.

El teatro documento es un tipo de teatro en el que el autor para la construcción de su drama se ha basado en hechos concretos comprobados mediante documentos tanto textuales como no textuales que ha obtenido durante la investigación de aquello que pretende llevar a escena. Se sirve fundamentalmente de hechos y realidades documentadas históricamente y su finalidad es criticar el encubrimiento y/o el falseamiento de la realidad, convirtiendo a los acontecimientos históricos en eventos sometidos a examen. [4]

Existen dos tipos de teatro documental: los puros y los mixtos, los puros se conforman en su totalidad de documentos textuales como visuales, mientras  los mixtos nacen de una fusión de ficción y realidad documentada.

La llegada del teatro documental en América es gracias a Peter Weiss, también alemán. Llegando a Estados Unidos mediante piezas teatrales y artículos. [5]

En México, el teatro documental se desarrolla gracias a Vicente Leñero, pionero y maestro de la nueva dramaturgia mexicana. Leñero se interesa por la investigación para llegar a fondo sobre un asunto histórico que ponga en duda la veracidad de las instituciones en la divulgación de la verdad. Procura un cuestionamiento, crea duda; incomodidad para el gobierno o las instituciones eclesiásticas. Dentro de su teatro, Leñero no propone soluciones claras, ni pretende mostrar la versión “real”. Se encarga simplemente de analizar y presentar un hecho para que el espectador asuma una postura.[5]

Rascón Banda adopta estos preceptos de su mentor y maestro Leñero para su dramaturgia, esa realidad violenta, desmesurada, injusta, siempre haciendo un énfasis en la denuncia, impregnando a sus obras una temática repleta de crimen, gracias a la nota roja.

Lo que la nueva dramaturgia adopta del teatro documental y épico es esa fuerte preocupación por hacer una crítica social, penetrar en la mente del espectador para hacerla reflexionar y generar un cambio en su sociedad.

 

La vida como delito

“Cómo no va a estar teñido mi teatro de sangre, crimen y muerte […] Mi padre fue treinta años Ministerio Público, mis abuelos paterno y materno fueron varias décadas los jueces y presidentes municipales y mi madre fue la secretaria de todos. En mi casa de Uruachi se hospedaban asesinos, adúlteras, ladrones y narcos […] Así conocí el bien y el mal, la justicia y la injusticia […] Por eso me hice abogado, por eso fui dramaturgo ¿cómo no serlo con un mundo así?”[6]

V.H.R.B

Víctor Hugo Rascón Banda nació y creció en un mundo en donde el crimen estaba a plena vista y debido a esto tenía de que hablar en cada una de sus obras. Aunque hubo ocasiones donde se metió en problemas legales, con frecuencia veía una nota periodística,  le impactaba moralmente y  nacía su necesidad por hacerle saber a su sociedad lo que pasaba mientras se volteaba la mirada hacia otra clase de problemas. Escribía sobre lo que veía y lo fusionaba con ficción, pero en algunos casos las personas que estaban implicadas en la noticia, veían su obra y la rechazaban, negando que eso fuera verdad y terminaban por denunciar al dramaturgo, que sólo tomaba la nota como inspiración y no como testimonio que le sirviera para dar veracidad absoluta a su obra.

Influenciado en el teatro documental y épico, Rascón Banda coloca aspectos trágicos o criminales de la realidad nacional y las hace vivir en personajes, como dice Vicente Leñero: verdaderos individuos de creación.[7]

El delito era su obsesión temática y quería reflejar en sus obras una imposibilidad de escapar moral y legalmente a un destino trágico.

[…] leo una noticia que me conmueve o me impresiona y no puedo evitar ir a la máquina de escribir y seguir pensando en esa noticia de injusticia social, de sufrimiento o de gente marginal. Lo único que puedo hacer para quitarme ese sentimiento es escribir teatro, por frustración, por indignación. [8]

V.H.R.B

El crimen: el pan de cada día de México

“La justicia es el pan del pueblo; siempre está hambriento de ella”.
René de Chateaubriand

En México, el crimen es un tema recurrente tanto en la radio y televisión como en las pláticas diarias.

La rutina en México es escuchar o ver noticias en la mañana donde se hablan de delitos, gente secuestrada, robada, asesinada. Es extraño ver alguna noticia que no hable de violencia, inseguridad o delincuencia organizada.

Incluso el narcotráfico está inmerso en la televisión y el cine, con series como El señor de los cielos (2010) y películas como El infierno (2010) que son de interés del pueblo mexicano.

El crimen mancha las calles y se ha hecho algo tan habitual y normal en la sociedad mexicana, incluso al nivel extranjero.  En lo primero que se piensa al decir México, aparte de la comida típica, es inseguridad.

Sin embargo de ver crimen a reflexionarlo hay un abismo, y en su dramaturgia Victor Hugo Rascón Banda lo hace evidente para un impacto de crítica social.

La mejor manera de romper con todos los convencionalismos del teatro y de la sociedad misma era hacer un quiebre dentro de la dramaturgia en cuanto a estructura, ya no bastaba con mostrarle a la sociedad mexicana los problemas que enfrentaba sino transgredir al público con una cruda realidad, hacerla encararse con ella y crear un cambio.

Las  tres obras a tratar, La fiera del Ajusco(1985), Contrabando (1991) y Homicidio calificado (1994), se puede ver claramente una dramaturgia bien cimentada, que cuando la lees inmediatamente puedes decir que es de Rascón Banda, gracias a su estructura, manejo del lenguaje, el apoyo testimonial que obtuvo y el crimen en diferentes versiones.

 

El pan que hace falta

La fiera del Ajusco, cuya inspiración surgió del caso de Elvira Luz Cruz, una madre de veintiséis años que mató a sus hijos por circunstancias aún desconocidas. En la pieza teatral, V.H.R.B nos refleja una Medea mexicana, una mujer que al no tener dinero ni comida para alimentar a sus hijos toma la decisión de asesinarlos y aunque provoca su propia muerte no la lleva a cabo y es enjuiciada.

El crimen en la obra es el asesinato, sin embargo la manera en la que el dramaturgo le da vida a la historia, no denuncia a esta mujer como culpable, sino que la sociedad provoca este tipo de crímenes: el gobierno, la crisis económica y todo lo que desencadena es el verdadero culpable y a quien se debería juzgar.

En su estructura dramática juega con el teatro épico, empieza con la peripecia de Elvira y luego hace un juego con el tiempo y el espacio, haciendo un viaje desde la infancia de Elvira que marca su destino trágico hasta el momento en el que es enjuiciada. El rompimiento con la cuarta pared con un personaje omnipresente, el cantor, quien narra y canta como en un corrido mexicano, elemento que utiliza constantemente en su dramaturgia, gracias a sus raíces.

Como en las obras de Brecht, sus piezas están compuestas por cuadros. La fiera del Ajusco se conforma de quince cuadros repletos de un lenguaje que aunque es coloquial llega a un nivel poético y simbólico. Su visión de director en sus acotaciones nos hace ver al leer la obra.

Elvira: ¿cómo voy a acabar? Muy bien. Casada. Con muchos hijos y nietos y nueras y yernos. Y yo viejita churida, toda pachuchi; pero eso sí, muy fuerte y derecha, sin necesidad de bastón, viéndolos a todos en sus bautizos, en las bodas, en los cumpleaños y en los días santos.
Hermana: Y en los entierros.
Elvira: Pues sí. También tiene que haber muertos. Es la vida ¿no?
(Fragmento La fiera del Ajusco)[9]

Desde inicios de la obra, el autor marca el destino trágico de su personaje principal, la muerte.

El crimen impregnado en toda la obra es un reflejo de la sociedad mexicana en la segunda mitad del siglo XX. El periodo en México conocido como “La década perdida” que comprende los años críticos de 1980 a 1990 bajo la presidencia de José López Portillo(1976-1982) y Miguel de la Madrid (1982-1988). La economía entró en una crisis, el peso fue devaluado a 23 pesos por dólar en 1981 y en 1982 a 57 pesos.[10] La clase baja fue la más afectada y el caso de Elvira fue un claro ejemplo de la gran crisis que se vivió, desde la perspectiva de Rascón Banda, quién en su obra la falta de un pan para alimentar a sus hijos, provocó que les quitara la vida, haciéndola una asesina. Su crimen fue no verlos sufrir en una sociedad que pedía a gritos: ayuda.

 

Cuando se busca pan en otra parte

Homicidio Calificado es una obra que al igual que la anterior, está basada en hechos reales sucedida en 1973, en la ciudad de Dallas, Texas. Es el caso de un adolescente “chicano”, Santos Rodríguez, que tras ser asesinado por un policía norteamericano entra en un juicio para dictaminar si el oficial es culpable o las circunstancias lo defienden de tal crimen.

Al igual que La fiera del Ajusco, el crimen que se comete es un asesinato, aunque en este caso debido a una discriminación o racismo de parte de la autoridad norteamericana hacia el sector de la población mexicana en su país. El racismo que se delata en la obra sirve también para denunciar la injusticia de los procedimientos investigativos. A pesar de que el delito no ocurre en nuestro país, la obra aun refleja la situación de los mexicanos en el país vecino, los crímenes que se cometen por la intolerancia de ciertas personas.

Victor Hugo Rascón Banda respetó la documentación que tenía acerca de este caso pues fue un texto que escribió por invitación de la directora del teatro Dallas, para denunciar el crimen que se comete a diario en contra de los mexicanos que viven en Estados Unidos, no sólo los asesinatos raciales, sino el enjuiciamiento imparcial, tal como el caso de la madre de Santos, quien fue encarcelada por matar a un hombre incluso cuando fue en defensa personal.

La obra se conforma, de nuevo, por cuadros; veintisiete esta vez. El autor rompe la cuarta pared en su último cuadro donde hace una denuncia directa y con juegos de luces ilumina sólo el rostro de los personajes.

Bessie: Ésta es la tragedia de una raza, no la de mi familia.
Abuelo: Hay que parar con esta epidemia de muertes.
Bessie: el remedio está en nuestras manos […] Llegará el día en que los hispanos sean respetados y la vida sea sagrada. Entonces lo que le sucedió a mi hijo Santos, no le sucederá a ninguno.
(Fragmento Homicidio Calificado)[11]

Hace juegos con tiempo y espacio, pero sobretodo, ésta obra está llena de contrastes con el lenguaje, pasa del juego con el spanglish:  la mezcla del español y el inglés; y a la jerga de defensor o fiscal que utilizan los abogados para comunicarse en el juicio.

La ignorancia es lo que detona el crimen en esta obra, pues se tiene una idea arraigada del comportamiento de los mexicanos en E.U.A: ladrones, asesinos, que van al país sólo a saquear y aprovecharse de las situaciones. Por esto el oficial mató a Santos, pues sin tener pruebas de que él había o no cometido un robo, como se le estaba acusando, decidió sacar su arma y apuntarle en la cabeza para que confesara la verdad, así “accidentalmente” el arma detonó una bala, produciendo la muerte de Santos.

Con este texto el autor denuncia aquellas injusticias de la falta de investigación, en este caso en E.U.A, pero si en aquel país nos discriminan es porque dentro del mismo el malinchismo impera, como en La fiera del Ajusco.

A falta de pan, migajas

Contrabando está basado en relatos reales del pueblo de Santa Rosa en donde vivió el autor, sin embargo no son notas documentadas formalmente, esto hace diferente la obra que las anteriores. Está dividida en cuadros, tiene una estructura circular, reflejo de la situación en la que este pueblo se encuentra, en un tiempo cíclico, donde las historias se repiten de generación en generación. Los juegos con la música: narco-corridos; el elemento de la espera propio del teatro del absurdo, hacen de esta obra una influencia para la dramaturgia del siglo XXI de autores como Alejandro Román.

El crimen, la violencia y la sangre coexisten en este texto y los hace indispensables para que se siga montando en la actualidad.

En un pueblo donde los hombres brillan por su ausencia, tres mujeres cuentan historias relacionadas con el narcotráfico a un personaje que les sirve de recipiente para verter todo el dolor. El escritor se vuelve el motivo por el cual las mujeres siguen recordando algo que ya saben de memoria entre ellas, mientras que los corridos cumplen la función de coro, complementando cada una de las historias.

Rascón Banda logra dar vida a un pueblo fantasma, pues el narcotráfico se ha llevado a esposos, hijos y gobernantes, las mujeres se hacen cargo de su comunidad aunque sufren por la ausencia y la desdicha que las corroe, conformándose con un puesto como secretaria, una ex convicta que pide justicia y una ex reina de belleza que sigue esperando al hombre que la dejó, comiendo migajas donde ya no hay pan, donde la esperanza escasea igual que la justicia y la paz.

Damiana: ¿Quién eres realmente? Si fueras escritor escribirías lo que pasó en Santa Rosa. ¿Quién eres, muchacho? ¿De qué lado estás? El contrabando y la traición son cosas incomprendidas, pues…
(Fragmento Contrabando)[12]

Aunque en este texto no se logra un juego con el tiempo y el espacio, el lugar y tiempo de la acción es el indicado, no necesitamos viajar hacia el recuerdo de Damiana en la masacre de Yepachi puesto que esto le quita fuerza a la narración del personaje, esto es lo que lo hace diferente a otros textos de V.H.R.B, puesto que la diégesis precede a la mímesis. La manera coloquial y ligera en la que se maneja la obra hace de ésta una que persiste con el tiempo, apta para todo público.

 

El crimen, como punto de partida en cada una de las obras nos marca un México que subsiste gracias a este hecho que nos rodea desde tiempos lejanos. Desde la invasión sangrienta de una civilización, hasta una revolución violenta en donde llegó un punto de no saber quién era el verdadero enemigo, estamos rodeados del delito, del crimen que si no tranzas, no avanzas. Es por esto que el teatro es una voz que grita ante un sentimiento de desesperación para generar un cambio, por eso Víctor Hugo Rascón Banda como dramaturgo crea la función del cambio, de la crítica social y de plasmar en escena una crudeza que duele ver y aceptar.

 

[1] Popova, Elvira. La dramaturgia mexicana de los años 90 del siglo XX desde la perspectiva de la postmodernidad.  (2010) Editorial UANL. México.

[2] La Nueva Dramaturgia Mexicana. Introducción de Vicente Leñero (1996) Ediciones El Milagro. México, D.F  (pág. 9)

[3] Partida Tayzan, Armando. Se buscan dramaturgos I. Entrevista a Victor Hugo Rascón Banda. (2002) Editorial CONACULTA-FONCA/INBA. México, D.F. (pág. 305)

[4] Rodríguez Herrera, Raúl Angel Valentín. El teatro documento. Una alternativa para denunciar la violencia. (2014)

[5] Benítez, Diana. Artículo virtual de Crash; Realismo a escena: Breve acercamiento al teatro documental. (2015) https://crash.mx/2015/11/25/realismo-a-escena-breve-acercamiento-teatro-documental/

 

[6] Mijares, Enrique. Teatro del crimen, en la compilación Umbral de la memoria. Tomo III (2010) Instituto Chihuahuense de la Cultura. Chihuahua, México.

[7] La Nueva Dramaturgia Mexicana. Introducción de Vicente Leñero (1996) Ediciones El Milagro. México, D.F  (pág. 15)

[8] Cruz, Antimio.  Entrevista a V.H.R.B. http://www.m-x.com.mx/xml/pdf/131/62.pdf

[9] Umbral de la memoria. Tomo II Mitos y sueños. La fiera del Ajusco. Instituto Chihuahuense de la Cultura (2010) Chihuahua, México.

[10] Cisneros, Ceballos, Castillo. Ciencias sociales 2: Historia de México contemporáneo. (2007) UANL. Nuevo León, México

[11] Umbral de la memoria. Tomo III : El teatro del crimen(2010) Instituto Chihuahuense de la Cultura. Chihuahua, México.

[12] Rascón Banda, Victor Hugo. Contrabando (1991) Editorial El Milagro. México.

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