Reflexión en torno al 17 Festival de la Joven Dramaturgia

Los espacios para la dramaturgia en México son pocos, si muchas veces los creadores escénicos se quejan por la falta de espacios para presentar sus obras, los dramaturgos carecen de menos áreas para que sus textos se conozcan, analicen y tengan vida escénica. Hay quienes con valor, y un tanto de fortuna, escriben para, o cuentan, con su propio grupo teatral que dará vida a esa ficción o denuncia social; pero aquellos que no lo tienen esperan a que alguien se interese por su texto, se publique, o mejor aún, gane un premio nacional.

Sin embargo, sea cual sea la manera en que un texto se presenta ante un público, se carece de un análisis sobre lo escrito, su construcción, la poética del autor, su estructura y demás puntos que pueden tocarse sobre la dramaturgia, porque el mayor foco de atención se lo llevan las actuaciones, la dirección escénica y todo el conjunto de la puesta en escena, los cuales pueden, en ocasiones, salvar un mal texto.

"El llamado del cenzontle", de Alberto Mora
“El llamado del cenzontle”, de Alberto Mora

Entonces, ¿cómo se puede analizar y reflexionar sobre la dramaturgia? ¿Cómo los autores noveles pueden dar a conocer sus textos si carecen de un grupo teatral? Muchos autores se juntan para dar conocer sus textos entre ellos, a veces invitar a actores para que lean su obra. De esta manera han nacido eventos como la Joven Dramaturgia, en Querétaro, iniciativa de Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio y Edgar Chías, que en un principio fue un encuentro entre dramaturgos para dar a conocer su obra, retroalimentarse con los comentarios de los involucrados en el evento, así como del público, y de ser un encuentro pasó a convertirse en un festival que llegó en 2019 a su edición número 17.

El Festival de la Joven Dramaturgia es uno de esos pocos festivales que se enfocan en dar a conocer nuevas dramaturgias, analizarlas, reflexionar y proyectar nuevas voces que mediante lecturas dramatizadas se muestran ante un público. Aunque es algo de aplaudirse no queda exento de tener problemáticas que como festival han sido repetitivas en diferentes ediciones, las cuales a pesar de estar por cumplir la mayoría de edad no se han podido solucionar, así como hay situaciones, tanto positivas como negativas, características de cada edición que me han llevado a la siguiente reflexión.

"Rocío antes del fin del mundo", de Manya Loría
“Rocío antes del fin del mundo”, de Manya Loría

La primera vez que asistí a este evento fue en el año 2010 cuando comenzaba a escribir obras de teatro, sin haber tomado clases de dramaturgia porque en la Facultad de Artes Escénicas de la UANL en mi plan de estudio no se contaba con esta materia (desconozco si esto ha cambiado), pero gracias a mis clases de análisis de texto pude tener un acercamiento a la construcción dramática que me impulsaron a intentar escribir, y por azares del destino pude conocer a Mario Cantú Toscano a quien le di a conocer lo que escribía y fue por medio de él que pude asistir al, en aquel entonces, Encuentro de la Joven Dramaturgia. Carlos Portillo, Ana Riojas y yo fuimos los becarios por parte de Monterrey. Me sentía contento, motivado, con ganas de absorber el mayor conocimiento posible sobre la dramaturgia, conocer a otros que como yo les gustaba escribir obras de teatro y ver sus visiones, convivir y contrastar puntos de vista.

Sí, así me sentí al llegar, pero con el paso de la semana algo no me cuadraba, es decir, aquello que veía y escuchaba en algunas lecturas no correspondían entre sí, luego uno se enteraba que los directores cambiaban cosas de los textos u omitían acotaciones, diálogos, en pocas palabras reinterpretaban la visión del autor que quedaba opacada por las necedades de los directores, que al parecer no era la primera vez, y que en ediciones posteriores a las cuales asistí eso mismo pasaba; no era una situación general, pero sí constante. Esto me generaba la duda de si los textos no me gustaban por la lectura, por el texto mismo o qué pasaba, aunque para aclarar lo sucedido se encontraban las mesas de diálogo, crítica, análisis, reflexión, que en ocasiones si lo hacían y en otras no tanto.

"Mi vida con Bowie", de Gabriela Guraieb
“Mi vida con Bowie”, de Gabriela Guraieb

El festival ha pasado en sus diferentes ediciones por una variedad de propuestas con el fin de hacer el evento lo mejor posible, así como lo más abierto, ya que recuerdo que también han existido categorías como los dramaturgos emergentes, los noveles y los consagrados (es posible que me equivoque en los nombres de estas categorías, pero la idea era distinguir a unos de otros), que al parecer ha cambiado, porque también la organización ha pasado por transiciones.

En el 17 Festival de la Joven Dramaturgia efectuado del 16 al 20 de julio de 2019, se contó con la presencia de cuatro dramaturgas y dos dramaturgos jóvenes, dos puestas en escena y la lectura dramatizada de la obra ganadora del Premio Nacional Manuel Herrera de Dramaturgia 2019, que fue Playa paraíso, de Gabriela Román. Además de las lecturas se contó con tres talleres y mesas de reflexión.

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“Ojos vacíos”, de Jorge Arturo Tovar

En esta ocasión asistí como parte de La Esfera Dorada para tomar el registro y la documentación del evento, el cual sigue teniendo el mismo problema de no tener establecido la manera de elaborar una lectura dramatizada donde lo principal sea el texto, la visión del autor y no la de los directores, lo cual parece no incomodar a la organización porque el problema se sigue manteniendo y desconcertando a quien no sabe si lo que está viendo es del dramaturgo o del director.

Frutos rojos
“Frutos rojos”, de Gianinna Ferreyro

Las mesas de reflexión, moderadas por Didanwy Kent Trejo y Luis Conde, pudieron ser el espacio propicio para conocer y analizar cuestiones de dramaturgia, estructura, visión poética, etc., lo cual no fue así, ya que a pesar del conocimiento que tienen sobre la escena, era claro que en cuanto al terreno de la dramaturgia sus conocimientos eran pocos y que entre palabras declararon, de manera no explícita, que no era su área, ya que como mencionó Luis Conde dijo, él se enfoca en el análisis de la puesta en escena, y Didanwy Kent dijo que ella era de letras y no tanto de dramaturgia, por lo que se enfocaban en ámbitos sobre lo visto y sobre el tema, que si bien son parte importante de las obras no lo son todo, cosa que puntualizó Fernanda del Monte al mencionar que los autores tenían un claro conocimiento de los temas pero poco de estructura.

Los moderadores, al contar con una hora para la reflexión que de acuerdo con el programa de mano es “un espacio para que autores, espectadores y participantes discutan sobre las obras que se presentan en el festival”, se tomaron la libertad de abarcar entre treinta y cuarenta minutos de lo que ellos vieron de la obra, no como texto sino como casi puesta en escena, incluso en ocasiones parecía ser más importante la visión del director que la del autor, porque había cambios o acciones que venían en el texto, lo cual, los que no leímos la obra, quedamos sin conocer, porque en varias ocasiones los moderadores decían “yo que leí el texto”, haciendo alusión a que hubo cambios, los cuales no pudieron hacer saber a los asistentes. Esto condicionaba el enfoque de la reflexión a la propuesta de los directores y a las temáticas, pero desde  su perspectiva, lo cual considero que para un ensayo escrito es muy interesante, pero para una reflexión/análisis de un texto dramático no aborda lo esencial y primordial del festival: la dramaturgia.

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Mesas de reflexión
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Mesas de reflexión

Al ser un festival que se enfoca en las nuevas voces, algunas con más de un texto presentado, otros siendo su primera obra escrita, lo que se busca es que se le diga lo bueno, lo malo, lo mejorable; puntos de vista que aporten a su crecimiento en el camino de la escritura dramática, porque ni todo lo bueno ni todo lo malo se tiene que considerar, pero tampoco todo tiene que ser sólo de un lado, como fue, en mi opinión, en esta edición dónde todo era positivo, todo era bueno cuando había, en diferentes textos, rompimientos bruscos en sus discursos, diálogos imprecisos, estructuras poco sólidas y temas bien conocidos por los autores que sólo enunciaban pero no se abordaban con profundidad, y considero que estos espacios deberían ser para tratar esto, ser profesionales en cuanto a dar y recibir comentarios, que mejor que sean positivos y negativos para hacer en la intimidad un balance adecuado, ya que todos buscamos ser mejores en lo que hacemos.

Algo positivo en esta edición ha sido la presencia de dramaturgas, no es que en otras ediciones no hubiera, pero no eran mayoría, lo cual no se puede saber si es porque de casi cien obras que se postularon eran más de mujeres que de hombres, o si eran menos de mujeres que de hombres pero se considero que estaban mejor escritas, o se decidió hacer por parte de los programadores Jimena Eme Vázquez, Ana Lucía Ramírez e Imanol Martínez, una edición dedicada a la presencia de dramaturgas, las cuales en su mayoría radican en la Ciudad de México y que da para otro tema a pensar sobre la situación de las dramaturgas mexicanas en el país. Quien sí declaró uno de los puntos para hacer su selección de obras fue Jimena Eme Vázquez, quien dijo que se propuso no admitir obras que hablaran sobre la violencia, por lo que de manera tajante estas obras quedaron excluidas de su órbita, independientemente de lo bien escritas que estuvieran, porque tanto Imanol Martínez como Jimena Eme Vázquez admitieron que una obra que hablaba sobre violencia estaba muy bien escrita, pero por esta decisión no la aceptaron.

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“Whitetlasoli (basurablanca)”, de Tania Mayrén

Los textos de Manya Loría, Gabriela Guraieb, Juan Alberto Mora Hirata, Gianinna Ferreyro, Tania Y. Mayrén, Jorge Arturo Tovar y la ganadora del premio Manuel Herrera, Gabriela Román, fueron tan variados en cuanto a temáticas como en estructuras, no se puede decir que hay una tendencia en la dramaturgia presentada en esta edición, ya que su manera de abordar las problemáticas que los rodean tienen características propias de cada autor; no es como en otras ediciones donde abundaba la narraturgia o los personajes derivados del narcotráfico, lo cual mucho tiene que ver con la curaduría que permitió mostrar al público que existen más posibilidades y temáticas por explorar, además que cada uno tiene una visión muy clara de lo que quieren hacer dentro del teatro y que se reflejaron en las entrevistas que les realizamos, las cuales pueden encontrar tanto en nuestro canal de YouTube como en nuestra página de Facebook, dónde los autores explican sus textos y las razones por las que llegaron a escribir esas obras.

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“Andares”, de Héctor Flores Komatsu

Las puestas en escena, Bala’na y Andares, como contraste de las lecturas dramatizadas, tenían su bagaje escénico, por lo que eran más sólidas en cuanto a estructura y tratamiento temático. Ambos montajes presentan una sinceridad y una calidad actoral entrañable que queda en la memoria de quien presencia estas obras de teatro, que merecen un análisis aparte por la riqueza que ofrecen.

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“Bala’na”, de Alexis Orozco

Lo lamentable fue el cierre, algo apagado, desanimado y con una atmósfera extraña que generó la lectura de Playa paraíso, de Gabriela Román, ya que ésta no fue muy afortunada debido a su ritmo lento y el protagonismo del director Uriel Bravo, el cual dejaba entre ver que realizó cambios o agregó aspectos que no estaban dentro de la obra de Román, cosa que no es la primera vez que hace este director, y que vuelvo a mencionar, tiene que ver también con la poca claridad que se tiene de no establecer los límites de una lectura dramatizada.

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Ceremonia de clausura y premiación

En general la edición 17 del Festival de la Joven Dramaturgia ha sido pasiva y bondadosa, pero sin puntualizar en aspectos que atañen a la dramaturgia, que si bien el propósito de un texto dramático es ser llevado a escena no se debe olvidar que es un festival que presta atención a los autores, los cuales pocas veces son el punto de atención y de análisis, por ende, debería aprovecharse este propósito para que estos nuevos autores, estas nuevas voces, adquieran solidez.

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